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Cómo empezó esta aventura

Si unos años atrás me hubieran dicho que me dedicaría al Feng Shui y a equilibrar espacios con Medicina del hábitat no lo habría creído. O sí.
 
Mi sueño de pequeña era otro (uno que todavía no he descartado del todo pero que de momento no se materializa). Mi imagen de qué haría yo cuando fuera adulta era tener una “casa de huéspedes”. Así la llamaba. No me preguntéis porqué, ni de dónde saqué la idea, pero lo tenía clarísimo.
 

 
Con los años, y ya en la universidad, me di cuenta que iba a contracorriente. Eso no era lo que quería hacer, así que lo dejé todo y me decanté por las terapias complementarias o integradoras, como me gusta llamarlas, y me formé durante unos cuantos años en diferentes técnicas . Entonces mi sueño infantil de tener una casa de huéspedes se convirtió poco a poco en una casa de retiro, de reposo, donde poder dedicarse tiempo a uno mismo, para sanar, para ver con claridad, para crecer. Y todavía tengo ese sueño, quién sabe si algún día lo consigo. El caso es que estaba tan metida en este sueño que no me daba cuenta que hacía ya unos años que había otra cosa que me estaba enseñando, y mucho.
 
Mirando hacia atrás me doy cuenta que de pequeña solía cambiar los muebles de sitio, no solo de mi habitación (algo que pasaba bastante a menudo) sino de espacios comunes de la casa, con la consecuente bronca de mis padres: “¿Pero qué ha pasado aquí? ¡Vuelve a poner todo en su sitio!” No les culpo… puede ser impactante llegar a tu casa y que tu hija haya cambiado toda la distribución del salón.
 
Supongo que a esa edad ya había sentido el gran caudal de energía que se moviliza cuando movemos cosas en casa, y a menudo necesitaba esa renovación, ese movimiento que me hacía sentir más viva todavía.
 
Con el tiempo me hacían la broma de que me comprarían ruedas pequeñas para poner bajo los muebles y poder moverlos cómodamente cada dos días. A mi me encantaba la idea pero la broma nunca se hizo realidad jejeje.
 
Con 16 años dejamos la casa donde había crecido y empezó una época de movimiento para mi familia. Nos cambiamos de casa varias veces en poco tiempo y empecé a leer libros de mi madre sobre espacios sanos y Feng Shui. A los 20 empecé a practicar las técnicas de limpieza energética de espacios que aprendía de los libros y cada vez que mi familia se mudaba hacía todo un ritual energético para limpiar la casa de las memorias de los anteriores inquilinos y prepararla para nuestra llegada (eso incluía pintar paredes, limpiar a fondo y sesiones de meditación, visualización y armonizaciones).
 

Cuando me emancipé y me fui a vivir con mi pareja, Marc (que NUNCA había vivido en otro sitio que el lugar que lo vio nacer, en Barcelona) empezó nuestro peregrinaje. Digamos que nos volvimos bastante nómadas.

Cada año cambiábamos de casa, y no era algo premeditado, simplemente algo en nuestro interior nos empujaba a buscar otro sitio… La mayoría de las veces, Marc proponía un cambio y yo me apuntaba al bombardeo, sin ningún tipo de problema, ¡ME ENCANTAN LOS CAMBIOS!
 
Durante los 13 años que llevamos juntos hemos vivido en 12 casas diferentes (en alguna estuvimos solo tres meses). Hemos visto de todo. Espacios grandes, pequeños, sanos, alegres, apagados, eficientes energéticamente, cerca del mar o en el monte, nuevos a estrenar o con siglos de antigüedad, calurosos, lejos de la familia y amigos o rodeados de los nuestros, helados, acogedores, lujosos y, algunos, enfermizos hasta un punto peligroso (¡los que más nos han enseñado!) A medio camino nos formamos profesionalmente para aprender más sobre eso que ya veníamos aplicando en cada cambio. Y continuamos nuestro peregrinaje por media Cataluña hasta el día de hoy que hemos encontrado un pedacito de paraíso en medio del pirineo catalán (bueno… ¡con nosotros nunca se sabe si hemos echado raíces o no!)
 

 
Con cada cambio hacíamos un estudio detallado del espacio que nos acogía, con las técnicas que conocíamos en ese momento, armonizábamos, neutralizábamos y renovábamos a todos los niveles ese hogar, que no solo nos refugiaba del frío y la lluvia, sino que se convertía en nuestra segunda piel. E íbamos tomando conciencia de la importancia de vivir en un espacio equilibrado y sano, pues era entonces cuando nuestro equilibrio y salud podían expresarse en plenitud.
 
Durante estos años de nomadismo me he preguntado frecuentemente, y mucho más después de tener a nuestros dos hijos, qué era lo que nos pasaba, porqué no podíamos quedarnos quietos. Sufría por mis hijos, porque no iban a saber de dónde eran con tantos cambios… No entendía porqué después de equilibrar un espacio nos íbamos a otro (a veces mejor, pero otra veces peor). Con el tiempo hemos aprendido que los cambios son un Regalo, que los espacios nos condicionan positiva o negativamente, que somos el latido de nuestra casa, y que si nosotros no estamos bien la energía se colapsa o se apaga y de nosotros depende poner remedio, y que las personas tenemos mucha intuición y si nos lo permitimos podemos crear espacios armónicos.
 
También hemos hecho un máster en desapego, en empezar de cero, sin familia ni amigos cerca, en organización, en negociar con propietarios e inmobiliarias, en el arte de hacer el vacío, en liberar carga y quedarte solo con lo que necesitas, en contratos de alquiler, en descubrir nuevos lugares y nuevas gentes, en sembrar amigos por todo el país. Mis hijos no saben lo que es vivir siempre en la misma casa, en el mismo barrio, con los amigos y vecinos de siempre. Pero saben muy bien cómo empezar de cero, cómo hacer amigos, cómo hacerse suyo un espacio nuevo, cómo se siente uno cuando tiene por descubrir todo lo que abarcan sus ojos desde su ventana, y más allá, cómo vivir con menos y también con más. Y eso es algo que llevarán consigo donde sea que vayan.
 
En 2012 empezó nuestra aventura llamada Feng Shui Cerdanya, como colofón a tantos cambios, armonizaciones y mudanzas. Y en 2015 lo que empezó siendo un proyecto de dos se transformó en Feng Shui New Habitat, un proyecto individual con una nueva forma de aprender y aplicar la medicina del hábitat.
 
Digamos que hemos hecho un laaaargo período de prácticas de 13 años, en cuanto a armonizaciones de espacios se refiere. Hemos descubierto que cuando nos olvidamos hasta de comer es cuando estamos trabajando en el estudio de una casa, rodeados de planos, herramientas de medida, brújulas y varillas de radiestesia. Así que nos lanzamos a la piscina para transformar todos estos años de cambios en algo útil no solo para nosotros sino también para la salud y el equilibrio de otras personas.
 

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